Hoy quiero compartir una entrevista sobre este tema tan importante, donde podemos aprender de la sabiduría de Edgar Domenech Macias.
Y quiero contarte también quien es Edgar, antes de que puedas leer las preguntas:
Edgar es coach, psicoterapeuta y ofrece:
🧠🫂Acompañamiento terapéutico desde la conciencia, la ciencia y el alma.
💪🏻🍏Coach de nutrición y salud integral.
💪🏻🔥Entrenador personal.
Y aquí puedes saber más sobre Edgar Domenech Macias:
https://linktr.ee/Edgar_Domenech_Macias
Y ya comenzamos la entrevista donde todas las respuestas son de Edgar y seguro que aportan mucha luz a tu vida.
1. ¿Qué es “el perdón”? ¿Es necesario perdonar?
Perdonar no es olvidar, justificar ni aprobar lo que sucedió. Tampoco es negar el dolor o minimizar lo vivido. El perdón es una decisión consciente de soltar la carga emocional que nos ata al pasado, para poder regresar a nosotros mismos con más ligereza y claridad.
Perdonar no es un acto de debilidad, sino de profunda valentía espiritual. Es un camino que nos libera del resentimiento, que nos devuelve el poder interior que habíamos proyectado fuera.
Sí, perdonar es necesario, pero no por los demás, sino por nosotros mismos. Porque mientras no soltamos lo que nos hirió, nos quedamos viviendo una y otra vez el mismo sufrimiento en nuestra mente. Perdonar es permitir que la herida cicatrice sin necesidad de seguir abriéndola.
2. ¿Cómo perdonar a nuestros padres? Unos pilares tan fundamentales en la vida de los hijos.
Nuestros padres son, en muchos sentidos, nuestros primeros espejos y maestros. Su influencia marca nuestros primeros años y, en ocasiones, también nuestras heridas más profundas.
Perdonarlos no significa negar el dolor que pudieron causarnos, sino reconocer que también son humanos, con sus propias heridas, historias y limitaciones. La mayoría hizo lo que pudo con los recursos emocionales que tenía.
Perdonar a los padres es un acto de madurez emocional: dejamos de exigirles que hayan sido perfectos y aceptamos que también estaban aprendiendo a amar, a vivir, a cuidar… igual que nosotros.
Cuando los perdonamos desde el corazón, nos liberamos del rol de “niño herido” y nos transformamos en adultos conscientes, capaces de cuidar de sí mismos.
3. ¿Cómo perdonarnos a nosotros mismos cuando no hemos cumplido con nuestras expectativas?
Quizás esta sea la forma de perdón más difícil y, a la vez, la más transformadora.
Nos juzgamos con dureza. Nos exigimos más de lo que exigimos a los demás. Y muchas veces no nos permitimos fallar, equivocarnos, cambiar de opinión o no cumplir nuestras propias expectativas.
Perdonarnos es abrazarnos con compasión, reconociendo que hicimos lo que pudimos con el nivel de consciencia que teníamos. Es dejar de ser nuestros propios verdugos y comenzar a ser nuestros propios cuidadores internos.
Perdonarnos es recordarnos que somos dignos de amor incluso con nuestras imperfecciones.
4. ¿Cómo perdonar a amistades que nos han herido con palabras o acciones?
Las amistades, como cualquier vínculo, implican vulnerabilidad. Cuando alguien cercano nos hiere, se fractura algo dentro. Pero también se abre una oportunidad para mirar hacia dentro.
El perdón hacia amistades no es siempre volver a confiar o restablecer la relación. A veces, simplemente es honrar lo que fue, agradecer lo que nos aportó, y soltar lo que ya no nutre.
Perdonar es dejar de aferrarnos a la imagen de cómo deberían haber sido las cosas, y abrirnos a aceptar lo que realmente fueron.
5. ¿Nos hacen más daño las personas o nosotros mismos? ¿Las cosas que han pasado o los pensamientos e interpretaciones que mantenemos en la mente de la situación que se dio en el pasado? ¿Quién nos hiere entonces, los demás o nosotros mismos con aquello que seguimos manteniendo latente una y otra vez en la mente?
Las situaciones duelen, pero es nuestra interpretación de lo que sucede lo que perpetúa el sufrimiento. No es tanto lo que pasó, sino lo que seguimos contándonos sobre lo que pasó.
Revivimos una y otra vez el dolor porque lo alimentamos con pensamientos, juicios y resistencias. Y en ese ciclo, nos herimos a nosotros mismos con lo que ya ocurrió.
Por eso, el verdadero perdón empieza en nuestra mente. No depende de que la otra persona cambie, se disculpe o se dé cuenta. Depende de que nosotros decidamos sanar y dejar de sostener el dolor como una bandera.
6. ¿Perdonar a alguien significa seguir teniendo contacto con esta persona o que esa persona se entere de que ha sido perdonada o es simplemente algo que nos regalamos a nosotros mismos para liberarnos del resentimiento y del sufrimiento que pueda ocasionar?
No. El perdón es un acto interno. No requiere contacto, reconciliación ni que la otra persona se entere. A veces, lo más sano es tomar distancia, y aún así perdonar en el corazón.
Perdonar no es volver a permitir lo que nos hizo daño. Es liberarnos del resentimiento que nos mantiene atados.
Es un regalo que nos damos a nosotros mismos, para dejar de cargar con una mochila emocional que ya no tiene sentido seguir arrastrando.
7. ¿El ser humano “necesita” perdonar para liberarse de una carga pesada?
Sí. El perdón no es solo necesario; es esencial para nuestra salud emocional y espiritual. Mientras no perdonamos, quedamos atrapados en el pasado, repitiendo heridas que ya no están, pero que seguimos reviviendo.
El perdón nos devuelve la paz. Nos ayuda a mirar la vida con nuevos ojos, a dejar de luchar contra lo que fue, y empezar a vivir lo que es.
8. ¿Cómo se entiende e interpreta “el perdón” en el budismo?
Con una mirada desde las Cuatro Nobles Verdades del Budismo Kadampa.
En el budismo, el perdón no es un mandato moral ni una imposición. Es una herramienta de liberación del sufrimiento. El enfoque Kadampa, basado en las enseñanzas de Buda Shakyamuni y transmitido por el venerable Gueshe Kelsang Gyatso, ofrece una perspectiva profunda que se conecta directamente con las Cuatro Nobles Verdades, el corazón de la filosofía budista.
🕉️ 1. La verdad del sufrimiento (duhkha)
El budismo parte del reconocimiento de que la vida, en su estado ordinario, está impregnada de sufrimiento: decepciones, pérdidas, heridas, rencores… No se trata de una visión pesimista, sino de una aceptación lúcida de que, mientras permanezcamos con una mente no iluminada, el sufrimiento es inevitable.
En este contexto, el resentimiento y la falta de perdón son formas de sufrimiento mental, que generan agitación, ira, tristeza y separación.
🕉️ 2. La verdad del origen del sufrimiento (samudaya)
El sufrimiento no viene de fuera, sino de los estados mentales perturbadores como el apego, la aversión y la ignorancia. Cuando no perdonamos, nuestra mente se aferra a una versión fija del otro como «culpable» y de nosotros como «víctimas».
El perdón, en este marco, no es tanto un acto hacia el otro, sino una decisión de abandonar la aversión y los pensamientos negativos que nos mantienen atados.
🕉️ 3. La verdad del cese del sufrimiento (nirodha)
Esta verdad afirma que es posible liberarse del sufrimiento. Y aquí el perdón se vuelve esencial: cuando soltamos la necesidad de tener razón, de castigar o de mantener vivo el dolor, nace la paz.
Perdonar desde una perspectiva budista es dejar de alimentar el fuego de la aflicción, permitiendo que la mente repose en su estado natural: claro, compasivo y libre.
🕉️ 4. La verdad del camino hacia el cese del sufrimiento (marga)
Este camino se describe como el Óctuple Sendero, pero en el Budismo Kadampa se traduce en el entrenamiento en la mente a través de la meditación, la sabiduría, la conducta ética y la compasión.
El perdón, por tanto, se cultiva como una práctica diaria. A través de la meditación sobre la paciencia, la empatía, y el reconocimiento de que todos los seres desean ser felices aunque a veces actúan desde su ignorancia, aprendemos a soltar.
Como enseña Gueshe Kelsang Gyatso:
«Si abandonamos la mente de enojo, experimentaremos verdadera paz mental y armonía en nuestras relaciones.»
9. ¿Crees que perdonar supone que automáticamente se generen “niveles” de moralidad? (Por ejemplo, que el que perdona es mejor persona y por lo tanto está en un nivel superior que el que no lo hace o que el que ha de ser perdonado).
No. El perdón no es un pedestal moral. Si perdonas para sentirte superior, no estás perdonando: estás juzgando.
El perdón real es humilde. Nace del reconocimiento de que todos somos capaces de herir y de ser heridos. No hay buenos ni malos: solo seres humanos, aprendiendo a amar.
10. ¿Crees que es posible abandonar el “papel de víctima” que la sociedad nos enseñó a encarnar a la perfección y que alimenta el ego? ¿Por qué atribuimos automáticamente el papel de “pobrecito” a aquella persona que se queja y victimiza? ¿Es realmente una persona que sufre más, más “buena que los demás seres? ¿Qué beneficios obtiene alguien que utiliza este estado de víctima convirtiendo a los demás en verdugos y en qué perjudica esto a su vida? ¿Será posible dejar de separar entre “buenos” o “malos” de la película” y aumentar el amor incondicional y vivir desde la Conciencia de Unidad para experimentar mayor plenitud? ¿Cómo podemos empezar a hacerlo?
Sí. Y es liberador hacerlo.
El rol de víctima es cómodo porque nos exime de responsabilidad, nos da atención y justifica nuestro sufrimiento. Pero también nos deja atados a la herida, al pasado y a la impotencia.
Dejar de ser víctimas no significa negar el dolor. Significa reconocer nuestro poder para sanarlo y transformarlo.
Cuando soltamos la necesidad de señalar culpables y nos hacemos cargo de nuestra vida, empezamos a vivir desde la Conciencia de Unidad, donde todos somos partes del mismo todo, y el juicio deja paso al amor.
11. ¿Cómo sería el mundo lleno de personas conscientes que se han liberado del resentimiento, que dejan de buscar culpables fuera, que AMAN incondicionalmente a todos los seres humanos, y no sólo a los que les caen bien (sin generar separación, sino UNIÓN) y que han integrado que en realidad: no hay nada que perdonar?
Un mundo así sería un lugar donde la empatía, la compasión y la paz interior serían la base de las relaciones. Un mundo donde dejamos de ver enemigos, y empezamos a ver hermanos. Donde nadie se siente separado, rechazado o indigno.
Un mundo así sería una extensión del cielo en la Tierra. Y aunque parezca utópico, empieza por ti.
*Conclusión: No hay nada que perdonar… porque todo lo que percibes está en ti
Buda enseñó que “todos los fenómenos son como sueños”.
Esta afirmación, que puede parecer enigmática a primera vista, es en realidad una de las claves más profundas de liberación interior.
¿Qué significa esto?
Que todo lo que experimentamos —nuestras relaciones, conflictos, heridas y juicios— no tiene una existencia sólida e independiente. Es una construcción mental, una percepción filtrada por nuestras creencias, historias pasadas y patrones emocionales.
Así como en un sueño todo parece real hasta que despertamos, en la vida ordinaria también vivimos identificados con nuestras interpretaciones, sin darnos cuenta de que lo que vemos fuera está coloreado por lo que llevamos dentro.
Desde esta comprensión, el perdón deja de ser un acto hacia “el otro” y se convierte en un proceso interno de deshacer la ilusión de separación. No perdonamos al otro porque haya sido culpable, sino porque reconocemos que lo que nos duele es nuestra propia mente interpretando con error.
Esta visión es también compartida por Un Curso de Milagros, que habla de tres niveles de perdón:
1. 🧠 El perdón para destruir
Es el tipo de perdón que nace del ego. El típico “te perdono, pero no olvido”. Parece una virtud, pero esconde una necesidad de superioridad: tú sigues siendo el culpable, y yo el “bueno” que magnánimamente te otorga su perdón.
Este tipo de perdón refuerza el conflicto y la separación, perpetúa el papel de víctima y no libera nada, solo lo disfraza.
2. 🪞 El perdón para uno mismo
Aquí comienza la verdadera transformación. Comprendemos que el conflicto no está fuera, sino en nuestra manera de interpretar lo que ocurrió.
Perdonamos no al otro, sino a la percepción distorsionada que manteníamos, condicionada por nuestros aprendizajes, heridas emocionales y creencias limitantes.
Este tipo de perdón es un acto de autorresponsabilidad emocional y madurez espiritual. Ya no buscamos culpables: buscamos comprensión.
3. ☀️ El perdón incondicional
Este es el nivel más elevado y más cercano a la visión de Buda. Es el reconocimiento de que no hay nada que perdonar, porque nadie nos ha herido realmente: todo ocurrió dentro de nuestra mente, como un sueño.
No hay juicio, no hay necesidad de reacción, no hay necesidad de defensa. Solo una mirada amorosa, silenciosa, presente y compasiva que observa el flujo de la vida sin aferrarse, sin separarse, sin atacar.
Este perdón no se elige intelectualmente: se revela cuando la conciencia se despeja de ego y miedo.
Cuando comprendemos esto, dejamos de pedir que el mundo cambie, y empezamos a mirar con ojos nuevos. Ojos que no separan entre buenos y malos, entre víctimas y culpables. Ojos que no buscan castigo ni venganza, sino comprensión profunda y unión.
Un mundo en el que cada ser humano comprendiera esto, sería un mundo sin guerra interior ni exterior. Sería un mundo donde el amor no depende de lo que hace el otro, sino de lo que tú decides sentir, ver y ser.
Perdonar, entonces, no es algo que haces.
Es algo que eres cuando despiertas.
Y al despertar… te das cuenta de que en realidad, nunca hubo nada que perdonar.
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